Combinar tu bicicleta con el Metro

En España, al menos hasta donde he podido averiguar, tenemos metro en Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia. Muy pronto también tendremos Metro en Sevilla en el marco de su plan para descongestionar el centro.

El Metro de Bilbao ha sido el único en que no he logrado encontrar nada en cuanto a la normativa para el transporte de bicicletas, pero he contactado con ellos y en cuanto me respondan os informaré puntualmente.

Mientras que en Madrid y Barcelona se restringe el acceso de bicicletas en horas punta de días laborales, el Metro de Valencia permite acceso pleno en días laborales, domingos y festivos, y restringe el acceso tan sólo los sábados por la tarde: aunque aún no me queda muy claro el motivo de restringir el acceso los sábados por la tarde, se agradece que se permita el transporte de bicicletas sin restricciones horarias en días laborales, parece que Valencia comprende muy bien el valor de la combinación de bicicleta y transporte público para la movilidad camino del trabajo o del colegio. Con esta afirmación no quiero decir que Madrid o Barcelona deban hacer lo mismo: he tenido la desgracia de necesitar viajar en la línea 1 de Metro de Madrid saliendo de Atocha hacia el norte cada mañana durante nueve largos meses, y ciertamente resultaría imposible encajar una bicicleta, plegable o no, entre tantos cuerpos aglutinados en cada vagón. Supongo que en Barcelona la situación será semejante, aunque en su caso los tramos horarios en que puedes llevar tu bicicleta contigo son mucho más amplios. Para poder permitir el transporte de bicicletas en el metro incluso en horas punta habría que estudiar seriamente el flujo de viajeros, las instalaciones que serían necesarias y bastantes aspectos que un ingeniero de obras públicas o de redes podría enumerar de forma mucho más completa que yo.

El caso de Valencia también llama la atención porque incluso cuentan con una guía de rutas que se pueden hacer para visitar la zona combinando el metro, el tranvía y la bicicleta, así que no sólo han valorado la importancia del uso de la bicicleta en la movilidad diaria, sino también para su uso recreativo.

También merece una mención especial el caso del Metro de Madrid, que como ya os adelantaba en mi post anterior, incluye en su normativa un párrafo relativo a las bicicletas plegables que dice así

«Finalmente, las bicicletas que vayan plegadas (así como las bicicletas infantiles), tendrán la consideración de bultos de mano, rigiéndose por la normativa propia de éstos establecida en el Artículo 2, Apartado b del Reglamento de Viajeros de Metro de Madrid.»

Ya sé que se dice mucho por ahí que Barcelona es una ciudad más «europea», más moderna, más en la última tendencia… No lo voy a discutir, pero, ¡mira! Resulta que en Madrid hemos sido tantos «freaks» sobre una plegable que hasta el Metro ha tenido que meternos en su normativa, y esperemos que pronto lo hagan las demás redes de Metro.

Bicicletas plegables y Metro de Madrid

Estaba trabajando en mi próximo post en cuanto a la combinación de bicicleta y metro, y me he llevado una magnífica sorpresa, y es que Metro de Madrid cuenta en su normativa para viajeros con un párrafo específico para bicicletas plegables.

Aún tengo que comprobar las normativas de la red de metro de otras ciudades españolas, pero tenéis que disculparme que empiece por el metro de mi ciudad de referencia.

A primera vista parece que combinar bicicleta y metro es algo menos complejo que combinarla con el autobús. Fijáos en este canadiense camino del colegio.

httpv://www.youtube.com/watch?v=Ilvfge_oYQ4

Soporte para bicicletas en un autobús urbano

httpv://www.youtube.com/watch?v=p3XjiIOHwro

Si en mi anterior post hablaba de la iniciativa que empieza a funcionar en Francia, aquí tenemos a los californianos presentándonos una solución que ni siquiera requeriría modificar el interior de los autobuses.

Queda la duda de si la normativa de seguridad vial europea vería con buenos ojos esta instalación en el exterior de los autobuses, y comprobar cuántas bicicletas podrían llevarse.

Combinar tu bici con el autobús

Conozco de cerca el caso de Estraburgo como ciudad pionera en la inversión en transporte sostenible, y recuerdo los amplísimos parkings para bicicletas en las cabeceras de las principales líneas de autobús y tranvía. Estrasburgo me dará para otro post, baste aquí para hacer notar que no recuerdo haber visto un sólo parking para bicicletas en una parada de autobús en España.

Así que si deseas combinar el autobús con tu bici, tendrás que llevártela contigo. Da igual que tomes un larga distancia, un regional o un urbano, no puedes llevar tu bicicleta en el habitáculo de un autobús. Desde luego no hay espacio para guardar una bicicleta tradicional en ningún rincón del autobús, y en el caso de una bicicleta plegable todo depende del criterio del conductor del autobús, que por lo general es NO. Efectivamente, los autobuses tienen un riesgo mayor de sufrir accidentes que los trenes, y un proyectil del tamaño, peso y consistencia de una bicicleta plegada no debería introducirse en un autobús con todos los viajeros.

Así que para llevar tu bicicleta en el autobús, deberás abandonarla a su suerte en la bodega, donde suele dejarse también el equipaje más voluminoso, a merced de los vaivenes, chocando con los laterales, arrastrando contra el suelo… Un viaje movidito y poco saludable para tu bici. Yo que tú no lo haría, a no ser que tengas una maleta rígida en la que guardarla.

Yo suelo moverme sobre una bicicleta y con un ordenador portátil a cuestas, y he de decir que mi empresa no ha invertido en portátiles ligeros, así que cargo con unos 5 kg de ordenador, más su cargador, ratón y otros accesorios. Un peso considerable, un objeto contundente, y que sí que puedo subir al autobús.

Algunos autobuses franceses incorporan un espacio para bicicletas
Algunos autobuses franceses incorporan un espacio para bicicletas

Está claro que no es comparable el daño que puede ocasionar una bicicleta con el que pueda ocasionar mi ordenador, pero si viajas en autobuses urbanos e interurbanos a diario seguro que has visto a viajeros cargados con bultos grandes y pesados que podrían ser bastante peligrosos en una colisión, y que el conductor sí les permite subir al habitáculo. En la mayor parte de los casos, esos bultos podrían depositarse en la bodega del autobús, pero se suben al habitáculo para «ganar tiempo» y no obligar a una parada más prolongada para que los viajeros dejen o recojan sus pertenencias. En el caso de una bicicleta no hay modo seguro de dejarla en la bodega. Una vez más falta la infraestructura, no existe un lugar específico para dejar tu bicicleta. Puede que reste bastante espacio para los viajeros, pero algunas ciudades francesas – aún no es algo generalizado – han considerado que merecía la pena incluir esta instalación en sus autobuses. Ya investigaré qué motivos les han llevado a esta conclusión.

Combinar tu bicicleta con el tren

Según el artículo de Pro Vélo que mencionaba en la entrada anterior, una de las razones para usar una bici plegable frente a una tradicional es que la Red Nacional de Ferrocarriles Belgas tiene una oferta bastante restringida de parkings para bicicletas; además, desde 2005 ya no es necesario llevar las bicis plegables en una bolsa de transporte, y es gratuito llevarlas en autobuses, tranvías y metros. Otra ventaja es que la bicicleta cabe sin problemas en los portaequipajes de los trenes, o detrás de los asientos cuando están colocados respaldo con respaldo, como en los trenes belgas.

La verdad es que es revelador constatar que no todo son ventajas en Bélgica, pero… En España la oferta de parkings para bicis en las estaciones de tren no es que sea restringida, es que es prácticamente inexistente, y si la hay, ha sido instalada por el Ayuntamiento de la ciudad en que esté la estación, pero no por la RENFE. La posibilidad de que haya existido en algún momento una norma como la de utilizar una bolsa de transporte para llevar una bicicleta plegable es más que remota: este tipo de bicicletas ha llegado a España bastante recientemente.

¿Has probado a llevar tu bici en un tren? Las normas para el transporte de bicicletas en los trenes son un tanto restrictivas, aunque el hecho de que existan ya es un punto positivo.

En los trenes de larga distancia se admitirán bicicletas sólo en aquellos que tengan coche-cama o litera, siempre y cuando todos los ocupantes del departamento sean del mismo grupo (no vayamos a molestar a los viajeros de bien que no andan «dando guerra» con una bicicleta), y las bicicletas vayan debidamente embaladas, y no listas para su uso. En resumen, debes tratar tu bicicleta como parte de tu equipaje, y no como un medio de transporte más: no cuentes con llegar a tu destino y montarte en ella para desplazarte hasta tu alojamiento, salvo que cuentes con una plegable que puedas volver a montar rápidamente una vez en la estación. Así que, si sueles viajar en Ave a Madrid, Sevilla, Barcelona… Y visitar a empresas u organizaciones céntricas, una bici plegable puede evitarte algún que otro atasco y ayudarte a llegar a tiempo. Pero si tu idea es pasar unos días de vacaciones visitando la zona con una bicicleta tradicional, llevarás un bulto más y necesitarás un taxi con un buen maletero.

Soporte para bicicletas en un tren alemán
Soporte para bicicletas en un tren alemán

En los trenes regionales o de media distancia se admitirán bicicletas en los trenes que cuenten con un compartimento específico para su transporte, lo cual es comprensible y de agradecer, porque un bulto de un mínimo de 12 Kg lanzado contra los viajeros por un frenazo en caso de imprevisto es un riesgo que pocos querríamos asumir; pero no he visto muchos trenes de media distancia con compartimentos específicos para bicicletas, así que poder encajar tu plegable en los compartimentos para equipaje ya es otro punto a favor para tu bici; por otro lado, queda a criterio del conductor, revisor o quienquiera que tenga un mínimo de autoridad en el tren restringir el número de bicicletas transportadas en caso de saturación: esto es algo normal, pero la inexistencia de un criterio uniforme autoriza, por ejemplo, al revisor a impedirte subir tu bicicleta a un tren que esté al 60% de su ocupación, porque bajo su punto de vista está demasiado saturado. Además, que en un tren saturado de viajeros no se puedan tranportar bicicletas es una vez más consecuencia de la ausencia de un espacio específico para ellas en los vagones. Los usuarios de trenes que quieren transportar su bicicleta es cada vez mayor, pero parece que las infraestructuras están tardando algo más en adaptarse.

En los trenes de cercanías parece que hay sobre todo restricciones horarias que tratan de evitar que metas tu bici en el tren en plena hora punta: si tu idea era ir a trabajar combinando tren y bici, lo tienes complicado. Aquí una vez más el hecho de tener una bici plegable te ayudará con tus sanas intenciones, ya que al ser algo relativamente nuevo los revisores pueden quedar lo bastante desconcertados al ver una como para no hacerte bajar del tren a las siete de la mañana. Sin embargo no puedo decir que me sienta muy tranquila al llevar mi bici en el cercanías: procuro sentarme en los asientos cercanos a las puertas, o los que son perpendiculares al sentido de la marcha, los asientos están plegados y no tienes un viajero sentado delante, así que puedes meter tu bici bajo tus piernas y controlar que no baile o se caiga con los movimientos del tren; lo que no sé es si, en caso de una detención de emergencia, seré capaz de sujetarla y evitar que golpée a algún otro viajero. Un compartimento específico en el que poder fijar la bici sin llevarla mezclada con los viajeros mejoraría las condiciones de seguridad.

En resumen, cojas el tipo de tren que cojas, parece que se echan en falta espacios e instalaciones para transportar tu bicicleta con seguridad para ella y para el resto de viajeros. ¿Qué fué antes?¿El huevo o la gallina? Como no parece que haya muchas personas interesadas en llevar su bicicleta en un tren, las compañías ferroviarias no preparan los vagones para soportar un número aceptable de bicicletas; pero muchos ciclistas se desaniman viendo las condiciones en que deberían llevar sus bicicletas en los trenes.

Combinar tu bicicleta con el transporte público

Asociación belga por el transporte en bici

He dado con el sitio Web de la asociación Belga Pro Vélo, que trabaja para asesorar a la Administración en el desarrollo de estructuras para la movilidad en bicicleta, y organiza eventos para promover el uso de este medio de transporte sostenible.

Tienen una página dedicada a las bicicletas plegables, y he creído detectar cierto tono de queja hacia los medios de transporte público belgas, ya que una de las principales ventajas con las que cuentan las bicicletas plegables es la facilidad para combinarlas con otros medios de transporte público, que no tienen las bicicletas tradicionales.

No he podido evitar comparar la situación Española con la de otros países Europeos: Sin sentirme en absoluto como el Alcalde de Villar del Río ante la inminente llegada de Mr. Marshal, no puedo dejar de lamentar nuestro retraso en este aspecto con respecto a países como Holanda, Bélgica, Francia o Alemania. Si bien una mayor tradición de transporte en bicicleta en estos países justifica su mayor avance, hace ya mucho que España es Europa en muchos otros aspectos, y nuestra climatología debería justificar una puesta al día en cuanto a transporte sostenible se refiere.

El tema da para mucho, así que a lo largo de esta semana intentaré escribiros cada día acerca de las posibilidades de combinar una bicicleta, tradicional o plegable, con otros medios de transporte.

El socavón que destrozó mi cámara delantera

La otra noche me llevé un buen susto, pero creo que mi Roo salió peor parada. En parte fue responsabilidad mía, por exceso de confianza y despiste, pero tampoco voy a exculpar plenamente al Ayuntamiento de Alcalá de Henares, por tener en la calle una zanja de dimensiones considerables sin señalizar en una zona poco iluminada.

Me había acercado al campus para intentar hacer volar mi cometa – dicho sea de paso, sin éxito, porque en verano es casi imposible atrapar la menor brizna de aire en Alcalá – y se me hizo un poco tarde: empezaba a anochecer, no llevaba mis luces, y volvía a casa con prisa, es decir, a toda la velocidad que podía alcanzar mi bici. Creí ver a lo lejos (no soy precísamente un águila) un badén de estos que se han puesto tan de moda en las ciudades para evitar que los coches circulen demasiado rápido, y que son un auténtico fastidio cuando vas sobre cuatro ruedas, y un peligro cuando vas sobre dos. Me preparé para una buena dosis de desequilibrio, porque para mis rueditas de 20′ y mi larga barra del manillar a la rueda un badén de estos es una dura prueba, pero cuando estaba casi encima del obstáculo y sin posibilidad de esquivarlo me dí cuenta de que era una señora zanja con el tamaño preciso para que mi rueda quedase encajada dentro: me preparé para salir despedida por encima del manillar. Aún no sé muy bien cómo lo hice, pero la rueda no quedó encajada, y conseguí mantener el equilibrio. Eso sí, el encontronazo había sido tan brusco que ni los 4 Kg de presión de mi rueda delantera pudieron soportarlo, y la cámara quedó reventada.

¿Habría visto antes el socavón de haber llevado las luces de mi bici? Lo dudo: cuando es de noche, estas luces sirven sobre todo para que los coches y otros usuarios de la vía te vean a tí, pero no son una gran ayuda para mejorar tu visión. El socavón estaba en una calle iluminada pobremente con farolas bastante distantes unas de otras, sin locales comerciales luminosos alrededor… Nada.

¿Podría haber ido más despacio? Ni loca: cuando circulas por una calle de circulación rápida no puedes permitir que los coches te adelanten, o al menos no que te adelanten a mucha más velocidad de la que tú llevas; un conductor que tiene que ir muy despacio detrás de una bici es un conductor a menudo «cabreado», nervioso, y que genera un odio desproporcionado hacia el pobre ciclista que le lleva a adelantarle en situaciones inseguras – con falta de visibilidad, o sin espacio suficiente – con el retrovisor tódo lo próximo posible a su desprotegido cuerpo, y con un sonoro acelerón que debe de querer decir «¿cómo se te ocurre venir a molestar con tu asquerosa bici a mi flamante vehículo a motor?» Así que mi recomendación si tienes que circular por la calzada de una calle larga, casi recta, sin semaforos ni rotondas que obliguen a detenerse, en la que los coches van como mínimo a 50, y casi siempre a 70 u 80, procura ir todo lo rápido que puedas.

Extraje varias conclusiones de este incidente: la primera, que mi bici es más dura de lo que parece, reventé su cámara, pero no he localizado ninguna holgura en sus cierres, ni la menor deformidad en la llanta, así que mereció la pena invertir en ella; la segunda, que tengo que ser más previsora cuando salga en bici y no quedarme por ahí de noche y sin luces, cualquier coche podría arrollarme y ni enterarse; la tercera, que el Ayuntamiento de mi ciudad es irresponsable, o está completamente alejado de la realidad.

Irresponsable porque tener la ciudad llena de zanjas y socavones mal o nada señalizados por toda la ciudad durante varios meses es una fuente de accidentes, daños físicos y daños materiales para sus ciudadanos. Desde que voy en bici y más aún desde que voy en moto presto bastante atención a todas estas trampas que cubren las calzadas de calles y carreteras, y he observado que son muchas, que nunca están señalizadas, y que siempre pasa mucho tiempo antes de que alguien se decida a cerrar la zanja que abrió, reparar el socavón o la grieta que apareció, o tener cuidado, al reasfaltar una zona, de no convertir las alcantarillas en un escalón bastante doloroso para la amortiguación de cualquier vehículo. Eso, si no pasan a formar parte permanente del paisaje de la ciudad.

Alejado de la realidad porque cada vez hay más personas que se mueven en bici o moto, y como decía más arriba, si todos estos obstáculos son un fastidio habitual para los conductores de coches y furgonetas, para los que nos movemos sobre dos ruedas son un riesgo claro. Casi prefiero pensar que quienes gestionan mi ciudad desde el Ayuntamiento viven alejados de la realidad y no son conscientes de la cantidad de puntos negros que se multiplican en su municipio, tal vez porque se mueven sobre cuatro ruedas y no los sufren tan directamente. Pensar otra cosa sería pensar que, siendo conscientes de lo que hay, prefieren invertir los mermados fondos del Ayuntamiento en poner bombillas de colores durante las fiestas antes que en mejorar el estado de las vías.

De hacerlo conscientemente, quedaría demostrado que mi Ayuntamietno está gestionado por gente obtusa y con muy poca perspectiva: quienes buscamos medios de transporte sostenible somos ciudadanos comprometidos con la calidad de vida de nuestro municipio. Porque quienes circulamos en bici por nuestra ciudad lo hacemos por una amalgama de motivos que incluyen reducir la contaminación del aire que respiramos, nosotros y los demás; reducir la aglomeración de coches y los atascos y problemas de aparcamiento que de ello se derivan; mejorar el entorno para los paseantes, los que viven en Alcalá y los que vienen de fuera a visitar su casco histórico. Hay un sinfín de motivos, egoístas y altruistas, que nos llevan a pedalear por nuestras calles, que ya es bastante arriesgado sólo por la falta de consideración o la falta de costumbre de los conductores. ¿Por qué el Ayuntamiento de una ciudad turística como Alcalá de Henares no se decide a invertir en la seguridad de unos ciudadanos que mejoran la imagen de su municipio? Sí, sí, la mejoramos: ¿a alguno de vosotros le gusta ir respirando humo, oyendo claxons y esquivando coches mientras visita una bonita ciudad universitaria? ¿Cuántos de vosotros habéis visitado una ciudad del norte de Europa y habéis quedado fascinados por el reducido número de coches y la abundancia de ciclistas?

Carreras en bici plegable: Bromptom World Championship 2008

El sector de la bicicleta hace tiempo que no pierde de vista este nuevo nicho que son las bicicletas plegables, y cacharreando por el sitio Web de la revista Bike me he encontrado con la noticia de la próxima celebración de una competición sobre bicicletas plegables, la Bromptom World Championship 2008.

El hecho de que sea una marca la que organiza el evento puede hacer recelar a algunos, y no os culpo: pese a lo tentador que me pueda parecer participar en una carrera en el Parque del Palacio de Blenheim a primeros de otoño, abierto por primera vez a los visitantes sobre dos ruedas, no puedo participar en la carrera porque mi bici plegable no es una Brompton. Pero tampoco podemos culparles: una empresa tiene que vivir de algo, y una empresa dedicada a un negocio tan específico como la fabricación de bicicletas plegables tiene que sacar el máximo partido de sus fans. Esta carrera no sólo les sirve para hacer ruido y atraerse nuevos adeptos, sino para convencer a quienes ya circulan sobre una de sus bicicletas de lo oportuno de su decisión.

El sitio oficial aclara que esto no es una concentración, sino una carrera seria en la que se medirán los tiempos de los participantes y habrá premios para varias categorías. El hecho de que se premie al corredor mejor vestido es bastante chocante, pero tiene todo su sentido cuando se trata de promocionar una bicicleta para uso urbano. El uso de una bicicleta plegable en tu trabajo diario da para otra entrada, baste decir que este premio es la prueba de que se puede rodar rápido y «trajeado» sin consecuencias «terribles». ¡Qué gran público objetivo el que formamos los ejecutivos que necesitamos movernos con agilidad y estamos dispuestos a invertir en nuestra imagen de cara a los clientes!

En cualquier caso, todas estas iniciativas son positivas para los ciclistas urbanos: cuanta más gente se anime a moverse por ciudad en bicicleta, menores niveles de contaminación soportaremos; también podremos circular con mayor seguridad si el tráfico se habitúa a nuestra presencia. Además, el concepto de bicicleta plegable me resulta tan atractivo que no consigo albergar ninguna animadversión hacia una empresa que se dedica a diseñarlas y construirlas. Así que, aunque sólo sea por el placer de visitar Inglaterra en otoño, y de ver a tanta gente sobre una plegable, puede que me acerque a pasear a mi bici de la competencia por Blenheim el próximo Septiembre.

Las imágenes de la edición de 2007 que se celebró en Barcelona no me desaniman en absoluto.

httpv://www.youtube.com/watch?v=lkIpQcOhN7g

Calidad ambiental y ciclismo urbano

Las emisiones de los motores son la base del ozono troposférico
Las emisiones de los motores son la base del ozono troposférico

Esta semana he estado saliendo a montar un rato todas las tardes. Está haciendo bastante calor, pero eso no es nada a lo que un ciclista aficionado y con cierto entrenamiento no esté acostumbrado. Sin embargo una de estas tardes llegué a mi casa exhausta, taquicárdica y con serios mareos. Me sorprendí un poco, aunque un mal día lo tiene cualquiera, pero entonces recordé las múltiples alertas por ozono que habíamos tenido veranos anteriores y empecé a atar cabos.

Buscando información sobre los efectos del ozono en la práctica deportiva he aprendido que el ozono es un potente oxidante que actúa sobre las células pulmonares del mismo modo que el sol sobre la piel, y que una exposición frecuente y continuada puede acabar provocando enfermedades respiratorias crónicas. Ante concentraciones elevadas de ozono (a partir de 240 gr/m3) se recomienda minimizar la actividad física para evitar exponer en exceso nuestras vías respiratoiras.

También descubrí un sitio Web bastante práctico para los que nos movemos sobre dos ruedas en Madrid, en una de sus páginas podemos conseguir información acerca de la calidad del aire en cualquiera de las más de 50 estaciones de medición que están distribuidas por toda la Comunidad, y os recomiendo, si os disponéis a hacer un largo trayecto o a salir de excursión, que lo consultéis antes, porque la calidad del aire puede hacer que un agradable paseo termine en un sofocón bastante serio. Aunque los niveles de Ozono en los que se debe dar alerta son de 240, a partir de 50 ya puede afectar a enfermos de asma y a partir de 101 no se debería practicar deporte de manera intensiva. El día que mi habitual vuelta en bici me provocó mareos y problemas respiratorios serios la concentración era de 105.

Descubrí varias noticias según las cuales Alcalá de Henares es uno de los siete municipios de la Comunidad con peor calidad ambiental. Así que mi ciudad, que yo creía perfecta en todos los aspectos para desplazarse en bici, no lo es tanto, o al menos en verano. Pero esto no es motivo para dejar de pedalear por Alcalá, al contrario, es un motivo para seguir haciéndolo y animar a otros a unirse a los que buscamos medios de transporte más sostenibles: las altas concentraciones de Ozono en el aire no son resultado de otra cosa que las emisiones de dióxido nitroso, que en su mayor parte provienen del tráfico motorizado, que en ciertas condiciones de temperatura e incidencia solar, reaccionan transformándose en O3. Desplazar tus actividades deportivas a parques y reservas naturales no sirve de mucho, porque de hecho las mayores concentraciones de ozono se han dado en lugares como la Casa de Campo, el Parque Juan Carlos I y otros lugares en los que la presencia de árboles y la ausencia de coches deberían garantizar una mejor calidad ambiental; al contrario, lo que sucede es que, una vez generado, el mismo dióxido nitroso que reacciona y origina el O3 lo destruye, así que cuando el aire desplaza las masas de aire contaminado a espacios naturales el ozono permanece en ellos, mientras que en lugares con más tráfico se destruye. En mi caso suelo entrenar en el Parque Natural de los Cerros de Alcalá, una zona de pinar cruzada por pistas y senderos y bastante alejada de las zonas de mayor tráfico rodado de Alcalá. Sin embargo, tampoco allí se está libre de exponer los pulmones a altas concentraciones de Ozono.

Por una mejor calidad ambiental para todos, sigue pedaleando… Pero vigila los niveles de Ozono, no vayas a lesionar gravemente tus pulmones.