Bicicletas urbanas en Festibike 2008

Hoy arranca en Madrid la octava edición de Festibike. He acudido a este evento los cuatro últimos años y he notado una favorable evolución hacia los modelos de bicicleta urbana: en la edición de 2006 ví sobre todo bicicletas y accesorios de montaña, algo de bicicletas BMX y street… Pero ya en 2007 aparecían modelos de las marcas más conocidas, diseñadas para su uso en ciudad. Para 2008 la presencia de bicicletas urbanas era más que notable, y estoy convencida de que este año pueden llegar a equipararse a las bicicletas de montaña.

Hubo un momento – creo que yo debía de andar por los diez años, así que serían principios de los noventa – en que casi todo el mundo se hacía con una bicicleta de montaña. Sin embargo en la conciencia colectiva del consumidor español medio de aquella época el uso de las bicicletas quedaba reducido a la práctica deportiva, el uso recreativo, o el uso ocasional para desplazamientos sobre todo en urbanizaciones, y casi siempre en primavera o verano. Sinceramente creo que muy pocos entonces se planteaban el uso de la bicicleta en el transporte diario: si se me hubiese ocurrido decirle a mi madre que iría al colegio en bici me habría quitado la idea de la cabeza con argumentos como el peligro del tráfico, las inclemencias del tiempo, lo pronto que se hace de noche en invierno… Ni que decir tiene que a mi padre ni en sus más delirantes sueños se le ocurriría ir a la oficina, con su traje, su corbata y su maletín de cuero, montado en una bicicleta, ¡la imagen de un trabajador entonces tenía aún mucho más que ver que ahora con el modelo de coche que lo llevase hasta su trabajo!

La globalización y el afán de las generaciones más jóvenes por viajar y conocer mundo parecen haber transformado al consumidor medio español: ahora tenemos una conciencia más europeísta, muchos envidiamos las ciudades del norte en que todo el mundo se desplaza en bicicleta, y dejamos de verlo como algo «para los pobres» o «para el fin de semana«, sino que empezamos a percibirlo como algo que está bien, que te acerca al ideal de ciudadano actual: preocupado por el medio ambiente, deportista, de vida sana… A ser posible con un corte de pelo imposible y unas gafas de pasta de colores. No todos somos así de «modernos», pero la cuestión es que cada vez menos gente mira con desdén al ciclilsta urbano, ahora de pronto alguien que va en bici un martes por la Castellana a las ocho de la mañana podría perfectamente ser una persona de éxito, alguien que gane más dinero que tú y hasta tenga un trabajo que le guste.

Las marcas han notado esta tendencia y algunas parecen apostar fuerte por este nuevo segmento. También soy – o intento ser – ciclista de montaña y no querría que su segmento decayese. Pero fabricar y vender bicicletas es un negocio y un medio de vida, y aunque el segmento de la bicicleta de montaña no es desdeñable y tiene su público, lo cierto es que es un público mucho más restringido. El ciclismo urbano está en ciernes pero tiene potencial para desarrollarse mucho más que el ciclismo de montaña.

Un fin de semana en una zona de sierra encontrarás a mucha gente pedaleando sendero arriba y sendero abajo, casi todos mostrarán una buena forma física, potencia en las piernas, equilibrio, habrá algunos niños haciendo sus primeros pinitos, y algún madurito que tuvo y retuvo. Pero el ciclismo como deporte es duro, requiere dedicación, conlleva sufrimiento, y exige constancia. No imagino a mi madre acompañándome ni en la más suave de mis rutas, ni pediría a mi hermano, bastante sedentario, que me siguiese en algún paseo por montaña.

Sin embargo sí que regalé a mi madre una bicicleta urbana para que pudiese moverse por su pueblo sin necesidad de usar el coche para ir a cuatro kilómetros. Y la usa mucho, ¡está encantada! Le gusta conducir, pero odia coger el coche para desplazamientos cortos. Y odia tener que buscar aparcamiento. Y la gasolina no la regalan. Pero el tiempo de ir de un sitio a otro andando se le hacía largo. Aún no tengo a mi madre convertida en una holandesa, y seguramente sigue utilizando el coche si llueve o hace mucho frío, pero probablemente ahora cuando se asoma la ventana y los nubarrones acechan por el cielo, le fastidie decidir que va a coger el coche y ponerlo en marcha para desplazarse 4 kilómetros, y tener que aparcarlo y pensar que pronto tendrá que pasar por la gasolinera.

En resumen, por lo general serán personas jóvenes, deportistas y en forma quienes demanden una bicicleta de montaña. Hay quien usa la bicicleta de montaña en sus desplazamientos diarios, pero tiene la desventaja de la postura incómoda, la barra central alta, la ausencia de guardabarros, las ruedas más gruesas y taqueadas que hacen el pedaleo más duro, sus diseños menos elegantes para los más preocupados por su imagen… Sin embargo la franja de edad de personas que podrían utilizar sin ningún problema una bicicleta urbana es mucho más ancha. Y no sólo se trata de la edad, sino también del tipo de persona: no tienes por qué ser un deportista nato ni tener un cuerpo fibroso para querer usar una bici urbana.

Además está la cuestión de la rentabilidad para el consumidor: una bicicleta no deja de ser una inversión, aunque las haya de todos los precios. Una persona que esté pensando en comprarse una bicicleta para su uso recreativo o deportivo sabe que sobre todo la utilizará en fines de semana, vacaciones… Y preferiblemente con buen tiempo (es un infierno de chirridos y crujidos circular por un sendero embarrado). Por otro lado, una persona que esté pensando en comprarse una bicicleta urbana para sus desplazamientos diarios estará pensando en utilizarla de lunes a viernes para ir al trabajo, el fin de semana para acercarse a un museo, a casa de un amigo, a hacer recados… Aunque todavía es difícil pensar en usar la bici con lluvia para la mayor parte de los habitantes de un país en que la lluvia es un bien escaso. ¡Pero también se podría hacer con un impermeable adecuado! El asfalto no se embarra, y la mayoría de las bicicletas urbanas incorporan guardabarros.

A la hora de decidir el consumidor también compara el coste del bien que adquiere con el uso que le va a dar, y si la bici se le va un poco de presupuesto, pero piensa en usarla el ochenta por ciento de los días del año, la balanza puede inclinarse más hacia la compra que si piensa en darle uso entre el veinte o el treinta por ciento de los días del año.

Así que tendré los ojos bien abiertos durante este Festibike para traeros fotos y contaros cómo lo he visto. Si alguno de vosotros va a estar por allí, ¡que me diga cómo ve la representación del ciclismo urbano!

Deja un comentario