Bicicletas del siglo pasado: Penny Farthing

En octubre del año pasado Luis me envió un enlace a Babelgum, una red de televisión en Internet que publicaba una serie de vídeos en la que varios londinenses presentaban sus bicis… Y como quien presenta a una mascota, no había bici que no se pareciese a su amo. Si buscas entretenimiento, saltar de uno a otro de éstos vídeos te puede hacer pasar un buen rato.

El enlace que me mandó Luis remitía a éste vídeo, pero a mi me llamó mucho más la atención el caso de Neil, un hombre del siglo pasado al que le gusta pasear en una bici decimonónica.

Las penny farthing (o “penique-centavo”) recibieron ese nombre por el tamaño de sus ruedas: el centavo británico equivalía a un cuarto de penique, y era bastante más pequeño que éste, de modo que ambas monedas parecían representar bastante bien esta bici de desmesurada rueda delantera y minúscula rueda trasera.

Si alguno de vosotros se siente, como Neil, un auténtico playboy a la antigua usanza, existen fabricantes de réplicas de éstas bicis antiguas. Prepara unos 900 dólares más gastos de envío, y ¡ya es tuya!

Bicis holandesas

No se ven muchas en España, aunque ya les van saliendo importadores, pero quienes hayáis viajado de Pirineos para arriba las habréis visto. Las bicis holandesas (o de tipo holandés) son muy fáciles de reconocer y ejercen una curiosa fascinación en mi: acostumbrada a la robustez de mi bici de montaña, su diseño esbelto casi me parece frágil, y a menudo los ejemplares que he avistado estaban destartalados, llevaban años con el cambio sin engrasar, ni un ajuste de frenos… Y sin embargo, cuanto más destartaladas, más atractivas parecen a mis ojos.

Y es que las bicis urbanas de tipo holandés tienen unas cuantas ventajas: la mayor de ellas es que, al provenir de países en que el ciclismo ha sido un medio habitual de transporte desde hace mucho tiempo, sus fabricantes llevan más de un siglo desarrollando diseños cada vez más cómodos, seguros y prácticos. Y aún así han conservado ese aspecto retro tan atractivo.

En cuanto a la comodidad, las bicis holandesas ofrecen una postura de conducción completamente erguida, lo que evita tensar la espalda, la necesidad de levantar la cabeza para ver por dónde vamos, y cargar todo el peso sobre nuestros brazos.

Además, las ruedas sobredimensionadas que las caracterizan (28” frente a las 26” de una bicicleta mixta o de montaña) absorben las irregularidades de la calzada. Algunos modelos incluyen también amortiuación en la tija del sillín y la horquilla.

Como en la mayoría de tipos de bici, hay distintas tallas de cuadro, pero en muchos modelos holandeses también cabe la posibilidad de ajustar la altura y la inclinación del manillar (un detalle que algunos modelos plegables están adoptando).

La seguridad es otra de las prioridades en el diseño de estas bicis, especialmente la visibilidad es un factor clave en países en que las horas de luz diúrna escasean la mayor parte del año: las bicis holandesas incluyen un faro frontal y otro trasero que se alimentan con una dinamo, en su versión más clásica o en rediseños que la integran en el buje delantero, consiguiendo mayor seguridad y menos ruido. Ya existen incluso modelos con sensores de luminosidad que automatizan el encendido de los faros.

Para mejorar la visibilidad desde todos los ángulos, las bicis holandesas suelen incluir bandas reflectantes en las ruedas.

En los últimos diseños los frenos de zapata están siendo sustituidos por frenos “rollerbrake” – un tipo de frenos de disco integrados en el buje – , que apenas requieren mantenimiento y son inmunes a la lluvia.

Las bicis holandesas también suelen incluir un antirrobo que bloquea la rueda, así que la bici queda inmovilizada con un giro de llave. Normalmente estas cosas toca comprarlas aparte…

En las bicis holandesas se ha buscado la mayor practicidad posible. Por ejemplo, el cambio tradicional de piñones y desviador trasero se sustituye por una caja de velocidades integrada también en el buje trasero – ¡lo que les cunden los bujes a los holandeses! – que tiene, entre otras, la ventaja de permitir cambiar de marcha en parado: en ciudad es muy habitual tener que para bruscamente ante un coche que maniobra sin vernos, un peatón que cruza “de oído”, o un semáforo inesperado; frenazo en el piñón más pequeño, y luego toca poner la bici en marcha con un pedaleo ralentizado, o poniéndose de pie, en la mayor parte de los casos con un coche impaciente detrás que nos rebasa de mala manera.  Ese problema se acaba con este sistema de cambio. Además, al no haber una cadena que pueda salirse de los piñones desaparece la posibilidad de mancharse el bajo de los pantalones (el cubrecadenas suele evitar que se te engaanchen, pero que se manchen es otra cosa).

También incluyen, como la mayoría de las bicis pensadas para uso urbano, cestas, portabultos, guardabarros y demás accesorios.

En definitiva, entre ese aspecto retro y esa explotación exhaustiva de los bujes, estoy decidida a hacerme con una urbana holandesa el día que consiga una casa con garaje (28” no tienen cabida en mi cuarto de las bicis), así que voy a ir mirando los diferentes modelos para cuando toque.

Morabike

En marzo de 2008 se presentó en la tienda EspaiBici de Barcelona esta bicicleta de plegado ultrarrápido y diseño 100% español

A primera vista, y sin haber tenido una al alcance de la mano, la MoraBike parece llena de ventajas y tiene unos acabados muy atractivos

  • Pesa menos de once kilos: en el mercado hay bicicletas de pesos muy diversos, aunque para bicicletas de este tamaño el peso va de los 11’5 a los 14 kilos. Parece poca diferencia, pero puede ser importante en intercambiadores de metro y bus con grandes distancias, por ejemplo.
  • Una vez plegada, la bicicleta ocupa unos 0’140 m3, como el equipaje de mano para un avión. Por ejemplo, mi bicicleta ocupa unos 0’158 m3, lo suficiente como para que no cuele como maleta para cabina de pasajeros.
  • El plegado se realiza en unos 8 segundos (frente a los 15 que suelen requerir otra plegables con distintos sistemas). El truco parece estar en la “carraca” oculta tras la biela, que permite desplegar en un solo gesto la barra horizontal y el sillín. Aunque el sistema “dentado” puede sufrir desgaste, su fabricación en acero debería retrasarlo mucho.

  • En mi Dahon, el plegado consta de cinco pasos
    • Plegar pedales
    • Bajar sillín
    • Girar la barra del manillar
    • Plegar manillar
    • Plegar barra horizontal
  • La MoraBike se pliega en dos pasos
    • Plegar manillar, no hace falta girar la barra del manillar.
    • Plegar por la “carraca”: este único pliegue coloca ambas ruedas paralelas y pliega la barra horizontal; el sillín y los pedales no requieren ser recogidos

  • Además, en el diseño del cuadro se ha cuidado mucho la seguridad: no se dobla ni crea holgura por la presencia de bisagras, y la bici no puede doblarse sobre sí misma acidentalmente
  • El cambio es interno, por lo que sufre menos deterioro y no requiere mantenimiento.

En los detalles de esta bicicleta podemos apreciar que su diseñador, Josep Mora, es Ingeniero técnico y ha sido profesor de la Escuela de Diseño Elisava de Barcelona: la MoraBike integra en un diseño muy atractivo detalles técnicos originales y de calidad.

Josep Mora ha diseñado varias bicicletas, y el campo de las plegables parece ser el más adecuado para desarollar sus habilidades aplicando la técnica para renovar el diseño de objetos tradicionales. Mientras que muchas marcas de bicicletas plegables trabajan sobre sistemas de plegado previamente existentes, la MoraBike ha introducido una de estas innovaciones que sorprenden precisamente por su sencillez.

En el diseño de la bicicleta y de su proceso de producción se han tenido muy en cuenta los criterios ecológicos:

  • Reduce la huella de CO2 en su proceso de fabricación:  se fabrica en talleres que no están separados entre ellos más de 40 km.
  • Se fabrica con acero inoxidable
    • al tratarse de acero inoxidable sin ningún tipo de aditivos, al final de la vida útil de la bici, puede ser reciclado fácilmente
    • el acero se fabrica en Barcelona con materiales que provienen de la península, por lo que también se reduce la huella de CO2
  • el cuadro no está pintado: se elimina un componente químico que pueda añadir emisiones contaminantes al proceso de fabricación de esta bici

El precio de la bici – alrededor de 700€ por el modelo de 3 velocidades, y hasta 850 por el modelo de ocho velocidades – la sitúa entre las gamas media-alta de bicicletas plegables. Si lo comparamos con los precios de Brompton, otra marca de bicicletas que no se importan sino que se fabrican en Europa, no resulta excesivamente elevado. Si embargo sigue fuera del alcance de muchos de nosotros.

Quiero ESA bicicleta

Elegir tu bicicleta plegable es una decisión seria: para que sea realmente práctica debes elegir una cuyo sistema de plegado sea sencillo y fiable. Ya he conocido algún caso de bicicletas plegables compradas en el momento del “boom” en tiendas no especializadas, que han acabado por dejar de ser plegables porque los engranajes se han estropeado y ya no se pueden ni mover. Además, para que un cuadro seccionado en varias partes sea tan sólido como uno entero debe contar con agarres sólidos: contrariamente a lo que pueda parecer, una ciudad está llena de baches, alcantarillas, aceras sin rebajes, socavones y demás irregularidades que someterán a la bicicleta a vibraciones y torsiones que debe resistir sin que se generen holguras en los cierres ni se doblen las piezas, o apenas podrás dar unos meses de uso a tu bici.

Estuve navegando bastante tiempo para informarme de las mejores opciones. Parece que la marca puntera en el mercado es la inglesa Brompton: su sistema de cierres es de los más cómodos y tienen una aspecto bastante sólido; además, el diseño de las bicicletas hace que sean de las que menos ocupan una vez plegadas; y si eres un “coqueto” como yo, tienen unos modelos muy llamativos, muy urbanos. Sin embargo no me decidí por una Brompton: la calidad y el diseño se pagan, y para mí, que estaba introduciéndome en el mundo de las bicis plegables, eran una opción que se me iba de precio. Ahora que soy una creyente convencida, creo que serán mi próxima elección, si es que tengo que cambiar la mía.

La otra marca puntera es Dahon, con unos precios algo más moderados, y un sistema de cierres similar al de Brompton en cuanto a sencillez de manejo y solidez en el agarre. Sus modelos, una vez plegados, también quedan bastante reducidos de tamaño, aunque no llegan a los niveles de algunas Brompton, y en lo que se refiere a diseño también tienen sus detalles y sus guiños urbanitas. Para mí estaba claro que estas iban a ser la mejor opción para empezar a pedalear por ciudad.

Sweet Pea da Dahon en varios colores
Sweet Pea de Dahon en varios colores

Entonces me encontré con otra disyuntiva… ¿Ligereza o control? Hay varios tipos de bicicletas plegables: las más pequeñas, con ruedas de 14′, las medianas, con ruedas de 20′, las grandes, con ruedas estándar de 26′, e incluso bicicletas de montaña plegables. Mi piso no es ningún palacete y convivir con mi bicicleta de montaña ya tiene sus complicaciones, así que tenía claro que no tenía mucho sentido optar por las de 26′, que incluso plegadas ocupan un espacio considerable. Por aquel entonces Dahon contaba en su colección con las Sweet Pea, bicicletas mínimas con ruedas de 14′, que estaban justo en el límite para soportar mi peso, disponibles en multitud de colores ácidos y llamativos, y especialmente ligeras, pequeñas y por tanto, fáciles de transportar. Sin embargo, la bici que yo había probado era de 20′, así que no tenía muy claro como serían mis sensaciones al conducir una de 14′.

Afortunadamente me acerqué a Ciclos Delicias – desgraciadamente su sitio web, ciclosdelicias.com, está en construcción – para comprar mi bici, y allí tenían, incluso entonces, cierta experiencia en cuanto a bicis plegables. Me preguntaron por el uso que iba a darle a la bici y me explicaron que un modelo como la Sweet Pea merece la pena si vas a moverte mucho con ella plegada y a cuestas, y tus desplazamientos a pedales iban a ser la menor parte del trayecto: su gran ventaja está en la ligereza y comodidad para el transporte, pero la conducción con una rueda tan pequeña es más inestable y sensible a las irregularidades del terreno. La Sweet Pea, pese a sus divertidos colores y su atractivo nombre, no era para mí, que tenía intención de salir del portal de mi casa montada en ella, y de ir pedaleando tan lejos como fuese posible. Así que afortunadamente mis opciones se iban reduciendo a las bicicletas de ruedas de 20′, y digo afortunadamente porque una máxima universal del marketing es que demasiada oferta mata la oferta, y yo empezaba a ser incapaz de decidirme por una u otra bicicleta.

Estuve ojeando los modelos y tuve bastante suerte, porque me encantó una Roo color champagne con el cuadro ligeramente curvo que tenían de exposición y me vendieron con bastante descuento. Mi pequeña tenía algún roce en la pintura, pero soy bastante desastre, así que ya sabía que eso no era nada comparado con lo que iba a sufrir conmigo.

La mía es como esta pero algo menos... brillante
La mía es como esta pero algo menos... brillante