¿Cuánta presión necesitan las ruedas de mi bici plegable?

La escala de presiones a seguir en las bicicletas plegables difiere bastante de la escala que se utiliza para las bicicletas tradicionales por varias razones.

Por lo general, las bicicletas plegables utilizan ruedas de 20” o 16”, frente a las 26” de una rueda tradicional.

La mayor parte de estas bicis están concebidas para rodar en ciudad – aunque también las hay específicas para montaña, pero estas llevan diferente relación de presiones – así que sufrirán menos irregularidades del terreno; además, en ciudad es más fácil que tropieces con cristales, clavos y otros elementos que pueden pinchar tu rueda, y lo tendrán más difícil cuanto mayor sea la presión.

Al utilizar ruedas más pequeñas el avance puede hacerse más complicado. Para evitarlo, los fabricantes ajustan la relación de cambios al tamaño de las ruedas, para que no notes mucha diferencia al pedalear sobre una bicicleta plegable.

Los fabricantes de neumáticos recomiendan llevar una presión alta en las ruedas, ya que una rueda poco inflada aumentaría la fuerza de rozamiento y haría bastante más difícil el pedaleo.

Más presión que otros tipos de bici

En bicicletas con ruedas de 20” la presión suele estar entre los 60 y los 120 PSI ( o 4 a 8 bares) – frente a los 35 a 65 PSI (2.5 a 4.5 bares) de una bici tradicional-. Solo las bicicletas de carretera suelen manejar presiones superiores.

Schwalbe, marca especialista en neumáticos, ofrece en su sitio Web una tabla orientativa de presiones en función de la anchura de la rueda (mayor presión cuanto más estrecha es la rueda, como es el caso de las bicicletas plegables y urbanas), y recomienda una mayor presión para las ruedas de bicicletas plegables.

Mira el lateral de tus ruedas

Lo mejor para determinar la presión a poner en tus ruedas en que te fijes en las indicaciones que tienen en su lateral.

Si tu bomba y tu bici tienen diferentes escalas (una en PSI y otra en Bares) la tabla de presiones de Schwalbe puede serte muy útil.

Para escoger entre la mínima y la máxima presión debes tener en cuenta tu peso (las presiones se calculan para pesos medios de unos 75Kg), si vas a llevar carga, y el tipo de conducción que prefieres, recordando siempre que una mayor presión te trasmitirá más las vibraciones e irregularidades del firme, pero ofrece más resistencia a los pinchazos y facilita bastante el avance.

Guía de ciclismo urbano: qué hacer en las intersecciones

Hace unas cuantas semanas Expaper nos contaba en el foro de debate del grupo en facebook sus aventuras en la jungla urbana. Una gran parte de los momentos peligrosos que vivimos los ciclistas en ciudad se producen en los cruces, por eso la “segunda entrega” de la guía de ciclismo urbano va a tratar sobre ellos.

Principios básicos:

  • Estar en el lugar adecuado.
  1. Aproxímate a la intersección y posiciónate en función de tu destino: los giros a la izquierda desde la parte izquierda de la vía, los giros a la derecha desde la parte derecha de la vía.
  2. Sigue las indicaciones pintadas en la calzada cuando indiquen las vías en las que colocarse, cuando las haya: ¡no te quedes en la vía de giro a la derecha si vas de frente!
  3. Seguir las indicaciones del código de circulación: semáforos, stop o ceda el paso, prioridad del que venga por la derecha… Da la prioridad a los peatones que cruzan sobre el paso de peatones.
  4. Si en un cruce vas a seguir de frente, presta atención para situarte en el carril adecuado: deja el carril que está indicado para los que giran a la derecha, desplazándote a la izquierda
  5. Cuando cambies de carril, mira hacia atrás por si se acerca alguien, después indica con el brazo el cambio de dirección: ¡no te fíes sólo de lo que oigas! Si no tienes retrovisor, mira hacia atrás sin perder el equilibrio ni desviar la bici. Puedes practicar en un parking, por ejemplo: lo importante es mantener losbrazos en la misma posición, sin mover el manillar. La mejor solución, sin embargo, es equiparse con un retrovisor

Bueno, algunas de las recomendaciones que nos ofrece la gente de Fubicy pueden parecer muy básicas, pero aún me encuentro con bastantes ciclistas que se están iniciando y siguen el principio de quedarse a la derecha como vehículo más lento (teóricamente) que son; esto está muy bien en rectas, pero efectivamente, cuando ellos quieren seguir de frente y se encuentran con toda una ristra de coches que giran a la derecha, lo pasan bastante mal.

En cuanto a lo de equiparse con un retrovisor o no, supongo que depende de la habilidad que tengas para mirar hacia atrás sin perder el equilibrio. Yo no se lo pondría, entre otras cosas, para evitar el robo. Bueno, y reconozco que por frívolos motivos estéticos, no creo que le quedase bien a mi Roo. Por eso, y porque de momento puedo mirar si vienen coches (o una bici más rápida) por detrás sin demasiados inconvenientes.

  • Dar la información correcta
  1. Cuando gires, muestra tu intención colocándote correctamente y haciendo una señal con la mano.
  2. Girar a la derecha es simple: permanece en la vía de la derecha,  verifica el estado de la circulación y gira. Para evitar quedarte atrapado en un rincón,  rueda cerca del centro del carril para evitar que un coche se coloque a tu izquierda y gire al mismo tiempo.
  3. Una de las principales causas de accidentes en bici son los giros a la izquierda: el ciclista está obligado a cortar la trayectoria de los coches que le siguen y que cruzan.

Aquí hay otro fallo que los ciclistas solemos cometer las primeras veces que salimos en ciudad: pegarnos a la derecha con nuestra mejor intención de no estorbar a los coches, que acaban adelantándonos de malas maneras y poniéndonos en peligro. El ciclista que se inicia necesita hacerse a la idea de que es un vehículo más, y que los coches deben respetar su espacio en la calzada.

  • El giro a la iquierda directo
  1. Tras haberte asegurado de que ningún vehículo se prepara para adelantar, indica tu intención extendiendo el brazo izquierdo. Observa cómo reaccionan los automovilistas, mirando un par de veces: ¿te dejan pasar bajando la velocidad o no? Siempre hay que esperar a la reacción del conductor: la indicación sola no basta para asegurar el paso.
  2. Una vez tomadas estas precauciones, desplázate progresivamente hacia la parte izquierda de la vía, o el carril más a la izquierda, o el carril específico para girar a la izquierda. Ya sólo queda ocuparse de la circulación que llega de frente.
  3. Vigila que no vengan vehículos del otro sentido.
  4. Para evitar quedar atrapado entre dos filas de coches circulando en sentido contrario en mitad de la calle (posición aceptada por el código de circulación pero peligrosa para los ciclistas), nos podemos desplazar a la derecha esperando que la vía se libere de ambos lados. Esto exige actuar con previsión : hay que anticiparse para tener más posibilidades de pasar sin esperar demasiado, primero de la parte izquierda de la vía, después del otro lado de la calzada.
  5. Otra técnica particularmente adaptada a los giros a izquierda en ciudades de circulación densa: Se trata de utilizar un “coche maniobrante”. Colócate en el carril izquierdo, justo detrás de un coche que manifieste su intención de girar a la izquierda con su intermitente. En cuanto el coche arranque para girar a la izquierda, síguelo de cerca. Cuanto más densa sea la circulación, más fácil es encontrar el “coche maniobrante”, y más útil es esta técnica ya que una bici sola tendrá problemas para conseguir que le cedan el paso. Esta técnica también permite evitar que un coche te arrolle cuando esperas para girar, porque el “coche maniobrante” hace al ciclista más visible.

Bueno, no dudo que llegará un momento en que la cultura ciclista se habrá desarollado hasta el punto en que los conductores nos considerarán como vehículos a los que respetar, y no como un estorbo, y reducirán su velocidad para dejarnos pasar. Por el momento, aunque hay gente muy respetuosa con los ciclistas, la mayoría no entienden al ver a un ciclista señalizando una maniobra que deban reducir su velocidad. Ni siquiera tiene por qué tratarse de conductores malintencionados, a veces es símplemente que no están acostumbrados a encontrarse con bicis y no saben bien cómo reaccionar. Sé de alguien que suspendió su primer examen de conducir porque no respetó la prioridad de paso de una bici en una rotonda.

  • “El giro a la izquierda indirecto

Siempre podemos girar a la izquierda en dos tiempos, colocándonos primero a la derecha, hasta el cruce en que queremos girar. Entonces nos filtramos entre la circulación de la vía transversal, o cruzamos como un peatón.”

Esto lo hago muchos días llegando a la facultad. Dependiendo de cómo estén los semáforos, tardo menos en girar como vehículo, o cruzando como peatona.

“Atravesar cruces poco corrientes

  • Incorporaciones y salidas:
  1. Ruedas por la carretera y delante de tí hay un acceso. Permanece en tu carril: la circulación que se incorpore pasará delante o detrás de tí.
  2. Una vía de salida es como un giro a la derecha, pero la velocidad de los coches es más elevada.
  3. Si sigues de frente y hay una salida a la derecha, permanece en tu carril. Los usuarios que la tomen pasarán por delante o después de tí.”

Estas son recomendaciones para carretera más que para urbano. Básicamente nos dicen que mantengamos la calma y confiemos en que los coches que se incorporan y abandonan la carretera nos pasen por delante si tienen espacio, o esperen a pasar después si no lo tienen. En alguna ruta larga con la bici de montaña me ha tocado hacer breves tramos por carretera y se hace difícil mantener la calma y confiar en los conductores, pero es lo único que puedes hacer. Eso, ¡o no salir a carretera salvo que sea imprescindible o que seas ciclista profesional!

  • “Rotondas
  1. De un carril: en las rotondas pequeñas (con un sólo carril circular con ramales de incorporación también de un solo carril) el ciclista debe rodar en medio del carril. Es imprescindible que ocupes u espacio y que te hagas muy presente. Si tu trayectoria sigue el exterior de la rotonda, invitas a los conductores  adelantarte, y te encontrarás en una situación conflictiva y peligrosa en la próxima salida si el conductor quiere tomarla.
  2. Si la rotonda tiene varios carriles, permanece en el carril derecho indicando en cada salida que no la vas a tomar con el brazo izquierdo (la situación es peligrosa porque los coches cortan la trayectoria). Luego, cuando llegue tu salida, señálalo con el brazo derecho. O haz como los coches: si no tomas la primera salida, colócate en el carril central y en el momento de salir, vuelve al carril exterior, indicando cada maniobra.” Uuuuufff… Esto yo no lo veo del todo claro: no hace ni un mes que me encontré con un par de ciclistas de carretera, bien pertrechados, muy morenos para las fechas en que estábamos, las piernas llenas de músculos… Gente entrenada en definitiva. Al llegar a una rotonda uno de ellos tomó el carril interior, pero cuando quiso echarse al exterior, ningún coche le dejaba: acabó parado encima de la rotonda esperando a que no viniese ningún coche. Yo siempre tomo las rotondas por el carril exterior, poniendo mil ojos a que el que se incorpora respete mi prioridad, y a que el que sale no me pase por encima. Así no me quedo atrapada. Para mí es la forma más segura, pero se admiten sugerencias y argumentos.
  3. “En las rotondas con carril bici: en ningún caso utilices este carril, y aún menos los ajedrezados de las incorporaciones. Al contrario, rueda en mitad del carril destinado a los coches como si fueses un coche. Estos carriles escandalosos te fuerzan a avanzar por el exterior de la rotonda y perpendicularmente a la circulación de los coches en las incorporaciones y salidas. En los ángulos muertos de los conductores, que vienen de quién sabe dónde a una velocidad que dificilmente pueden aprecial, el accidente está asegurado.”
De apreciación de la velocidad los ciclistas deberíamos saber un rato: ¿cuántas veces os habéis cruzado con un peatón que se ha aterrorizado a vuestro paso? Sobre la bici controlas tu capacidad de frenado y la velocidad te parece adecuada, pero al peatón le ha parecido que casi lo arrollas. En el caso de los coches el hecho de estar dentro de la berlina – cada vez mejor insonorizada – , la capacidad de frenado de los coches, los controles de estabilidad… Hacen que el conductor se sienta aún más seguro y tome las rotondas a bastante velocidad. El problema son los ángulos muertos de visibilidad.
En cuanto a algunos carriles bicis trazados sobre las carreteras, seguro que alguno de vosotros conoció el carril de Colmenar (en la M607) y sus pasos a nivel no sólo en rotondas, sino en incoporaciones y salidas de la carretera. Ahora ese carril se ha reformado y está perfectamente separado de la circulación motorizada, aunque quedan otros carriles, por ejemplo yendo a la Pedriza por Manzanares, que son un auténtico peligro.
Ahora es cuando alguno se puede preguntar sorprendido cuál es el problema, si apenas unos párrafos más arriba he explicado que suelo tomar las rotondas por el exterior: yo encuentro un par de diferencias esenciales:
  1. Estos carriles bici están por el exterior del exterior, con lo que los coches cuentan con todo el espacio que quieran para circular e inevitablemente aumentan su velocidad. Cuando circulas en el mismo carril que el coche, o no te adelanta, o tiene más cuidado al hacerlo.
  2. Además, al no circular vehículos sobre estos carriles,  suelen estar llenos de gravilla y porquerías varias, que te pueden tirar al suelo ante cualquier maniobra que necesites hacer.
  • “Dos giros a la izquierda seguidos: por ejemplo, en un cruce giras a la zquierda y apenas unos metros después vuelves a girar a la derecha: en este caso, no te eches a la derecha después del primer cruce, termina tu primer giro a la izquierda colocándote en el carril izquierdo de la calle que tomas, para estar bien situado para el segundo giro.”

Carriles bici y cruces

  • Cruces en “Y”: Cuando la carretera principal gire hacia la izquierda, con un cruce por la derecha o de frente, incluso si permaneces en la vía principal, presta atención a los coches que podrían adelantarte e inmediatamente girar a la derecha, o a los que llegan por la derecha y se incorporan por delante de tí. Una buena colocación sobre la calzada e incluso una indicación con el brazo harán comprender al conductor la intención del ciclista.”

¡Cómo son estos franceses! Si en una rotonda ya te encuentras conductores que te ven venir, te ven bien, te ven mucho, te ven de lejos…. Y aún así dicen que ellos entran, y es que entran aunque se te lleven de insignia en el capó… No te quiero contar en un cruce complicado: Algunos conductores podrían incluso encontrar problemas para interpretar las indicaciones del ciclista. En carretera creo que lo mejor es tener mil ojos y no fiarse mucho de nadie.

Lo esencial

Puedes circular con total seguridad pasando la mayor parte de los cruces. Colocarse sobre el carril adecuado es lo más importante. Anticipa los cambios de carril cuando vayan a ser necesarios, sobre odo cuando gires a la izquierda.

Antes de cambiar de dirección, mira si el carril está libre (un vistazo hacia atrás cuando cambies de fila, a los lados cuando te incorpores a una calle más importante, al frente cuando gires a la izquierda), después indica claramente tus intenciones con el brazo extendido. Poder controlar fácilmente la circulación que llega desde detrás es esencial. Pero siempre hay que prestar atención a los otros usuarios que pueden no indicar sus cambios de dirección, no mirar antes de incorporarse, o cambiar de idea cuando ya han iniciado la maniobra.”

Con esto termina este apartado de la guía para ciclstas urbanos. Aunque muchos de los consejos puedan pareceros de lo más obvio, no está de más ponerlos aquí, porque todos hemos empezado en la bici cometiendo errores.

Sobre todo, ¡mucha atención a lo que hagan los conductores! Aunque a menudo, en justicia, te corresponda la prioridad, no es lo mismo jugarte un trozo de chapa que una pierna, así que a veces te toca retroceder y rectificar. No es ninguna alegría, pero cuanto más se acostumbren los conductores a los ciclistas, menos pasarán estas cosas.

Guía de ciclismo urbano

Está escrita en francés, pero es una guía muy completa para el ciclista urbano nobel.

Me dan ganas de traducirlo entero, pero sería un post eterno, así que me limitaré a ir haciendo posts con algunos de los consejos más útiles.

Un vistazo al índice:

  • Por qué practicar ciclismo urbano. A todos se nos ocurren montones de razones, desde las más obvias (por salud, por el medio ambiente, por ahorrar tiempo evitando atascos y aparcar…) hasta las menos recurrentes (para espabilarse desde primera hora de la mañana, mejorar los reflejos, por imagen… ¡A saber!)
  • Equipamiento. En principio con la bici y un par de piernas bastan, pero un breve vistazo al surtido de accesorios de algunos distribuidores me ha hecho comprender que existen accesorios que realmente pueden hacerme la vida más fácil sobre la bici.
  • Arrancar, parar y girar. Vaya, parecen maniobras de lo más esencial que cualquiera domina, pero habrá que sumergirse en el contenido de esta sección para ver con qué nos sorprende.
  • Dónde colocarse en la calzada. A veces la ubicación que mejor nos parece no es la más segura, seguro que este apartado nos puede dar unas cuantas ideas para superar el tráfico cada día.
  • Qué hacer en las intersecciones. O “sobrevivir al coche que decide que no puedes tener la preferencia porque vas en bici”, y seguro que algún que otro consejo para no quedarse encerrado en una rotonda, o imposibilitado para girar en un cruce.
  • Rodar bajo la lluvia y rodar en la oscuridad. A casi cualquiera nos gusta ir en bici en primavera y verano, pero unos cuantos consejos para rodar en condiciones adversas seguro que ayudan.
  • Cómo superar todas las situaciones difíciles. Resulta difícil de creer que el autor de esta guía haya podido recopilar todas las situaciones difíciles, a bordo de una bicicleta se dan tantas como conductores diarios en la Castellana, pero mejor aprender leyendo sus consejos que a base de vivir muchas situaciones complicadas.
  • Saber más. Supongo que será una sección “varios” para todos los consejos que no le encajan en ningún otro apartado, veremos.
  • Anexo 1: prevenir el robo. ¡Ay! La eterna preocupación de todo ciclista urbano… Si  no te pueden robar la bici se llevarán las luces, el sillín, y cualquier otra pieza fácil de desmontar. Las recomendaciones que he visto incluyen candar todo lo candable, pero ¿quién quiere llevar el peso de tanto candado y pasar quince minutos poniéndolos todos? A ver si nos dan ideas nuevas… Yo vivo relativamente tranquila metiendo mi bici en cualquier sitio en que me den permiso, pero es que no sempre me lo dan.

Me ha parecido una guía bastante interesante, sobre todo para los que acaban de meterse en esto, así que intentaré ir traduciéndola para ponérselo fácil a quienes no hablen norpirenáico.

Ajusta tu bici plegable a tus medidas

Para sentirte cómodo cuando montas en bici y evitar posibles lesiones es muy importante saber ajustar las medidas a tu cuerpo, y las bicicletas plegables no son una excepción. Si montas en bici habitualmente verás que los ajustes para una bici plegable son muy similares a los de una bici tradicional.

La inclinación, posición horizontal y posición vertical del sillín determinarán que hagas una conducción cómoda y eficaz o una conducción inestable y que te provoque dolores. Si los ajustas correctamente, tu peso se repartirá de forma equilibrada sobre la bicicleta, tus brazos tendrán una posición relajada y flexible que les permitirá actuar como amortiguadores naturales, y controlar la bicicleta con más agilidad.

En cuanto a la inclinación, a veces se tiende a colocar el sillín inclinado hacia delante para evitar que se “clave” en la zona genital. Si embargo esta posición hace que tus caderas resbalen hacia delante sobre el sillín, obligándote a corregir la postura frecuentemente y haciendo recaer la mayor parte de tu peso en los brazos y hombros, lo que acabará por acumular tensión en esta zona y provocarte dolores. Lo mejor es que el sillín esté lo más horizontal posible. Cuando el sillín tiene la inclinación adecuada, los huesos de apoyo se encuentran estables sobre el sillín, no se deslizan hacia delante o hacia atrás, y la presión se reparte uniformemente.

Ajusta la inclinación y la posición horizontal de tu sillín
Ajusta la inclinación y la posición horizontal de tu sillín

Para ajustarlo necesitarás una llave Allen de 6 mm., de las que puedes encontrar en cualquier multiherramienta para bicicletas, con la que aflojarás el tornillo que sujeta las guías metálicas del sillín sobre la tija. Verás que estas guías se insertan en una pieza metálica cuadrada con base redondeada y muescas transversales: hazla girar hacia delante o hacia atrás hasta conseguir la posición que quieres, y vuelve a apretar el tornillo.

Esta misma maniobra te servirá para ajustar la posición horizontal del sillín, más adelantada o más retrasada, deslizando las guías metálicas del sillín hacia delante o hacia atrás en el interior de la pieza cuadrada. La posición horizontal del sillín te servirá para adaptar la bici a la longitud de tu tronco y repartir tu peso entre el sillín y el manillar: cuanto más retrasado está el sillín, más peso recae sobre el manillar, los brazos y los hombros, y cuanto más adelantado está el sillín, más peso recaerá sobre él y sobre tu trasero. Lo ideal es conseguir que aproximadamente el 45% de tu peso recaiga sobre el manillar y el 55% de tu peso recaiga sobre el sillín.

Para alcanzar la posición ideal puedes arrancar sobre la posición KOPS (Knee Over Pedal Spindle) e ir ajustandote poco a poco a tu propio cuerpo. En esta postura tu rodilla cae exáctamente sobre el eje del pedal cuando el pedalier está vertical sobre el suelo. Para comprobar que esto es así puedes utilizar una plomada, o algún objeto pesado atado a una cuerda. Si colocas un extremo de la cuerda en tu rodilla, justo en el lateral de la rótula, la plomada o el objeto pesado deberían caer exáctamente sobre el eje del pedal.

La posición vertical del sillín te servirá para adaptar la bicicleta a la longitud de tus piernas. Si compartes tu bici con alguien, aunque tengáis la misma altura probablemente los ajustes deberían ser distintos: ten en cuenta que, por ejemplo, a igual altura las mujeres suelen tener mayor longitud de pierna y menor longitud de tronco que los hombres.

Cuando el sillín tiene la altura adecuada, al colocar el pedal en la posición inferior del pedaleo tu rodilla debería quedar levemente flexionada. ¿Cuánto es “levemente”? Más o menos la diferencia entre caminar con un tacón mediano o sin él: estira tu pierna completamente, pero en lugar de apoyar la parte delantera del pie en el pedal, apoya el talón; si con el talón apoyado en el pedal puedes estirar completamente la rodilla, cuando apoyes la parte delantera de la planta del pie tu rodilla estará levemente flexionada.

Si colocas el sillín demasiado bajo, cuando el pedal alcance la posición superior de pedaleo estarás sometiendo tu rodilla a tensiones innecesarias y perderás eficacia de pedaleo; si tu sillín está demasiado alto, al pedalear notarás cómo tus caderas se desplazan de un lado a otro del sillín para poder alcanzar la posición inferior del pedaleo.

Cuando consigas la altura correcta te recomiendo que hagas una marca en la tija del sillín, así podrás colocarlo bien cada vez que pliegues y despliegues tu bicicleta.

Convivir con una bici plegable

Como ya he comentado en algún otro post, mi piso no es ningún palacete, así que convivir con dos bicis además del resto de aparataje que cualquier mortal acumula en casa puede ser todo un reto.

Seguro que tienes algún rincón en que guardar tu bici
Seguro que tienes algún rincón en que guardar tu bici

Una bicicleta plegable representa muchas ventajas en este sentido, porque cabe prácticamente en cualquier sitio. Puedes consultar las medidas de tu bici una vez plegada en el sitio Web de cualquier fabricante, pero para que te hagas a la idea… Es un bulto similar al que formarían 3 o 4 cajas de zapatos apiladas. Así que tu bici puede quedarse en el pasillo de entrada, debajo de la encimera de la cocina, detrás de un sofá, en cualquiera de los múltiples rincones desaprovechados que tiene una casa, en un armario ropero, junto a la estantería del salón, en el hueco que queda bajo el lavabo… Yo la guardo debajo de mi bici de montaña, que tengo colgada en una pared. Plegada, mi Roo cabe perfectamente en el hueco que queda bajo su “hermana mayor” suspendida de la pared, y no me roba ni un milímetro más de espacio.

Si, como yo, además de tu bici plegable sabes lo que es vivir con una bicicleta “normal”, hay otros aspectos de la convivencia con una plegable que agradecerás, y es todo lo relativo al mantenimiento. Hace dos años era un poco más complicado encontrar recambios para una plegable, pero ahora que se han convertido en un producto de gran consumo e IKEA e incluso Alcampo se han lanzado a la venta de bicicletas plegables, puedes encontrar las piezas que necesites en casi en cualquier lugar, o encargarlas en tu tienda del barrio sin que te miren con los ojos como platos. Pese a las dificultades iniciales, no puedo quejarme porque hasta ahora nunca he necesitado cambiarle nada a mi bici.

El mantenimiento que requiere es prácticamente nulo: acostumbrada a tener que revisar la presión de mis ruedas casi cada vez que me voy de ruta de MTB, a tener que hacer ajustes en el cambio, aceitar bien cadena, piñones y platos antes de cada salida, revisar la dureza de la horquilla, cambiar pastillas de freno con bastante frecuencia… Las atenciones que ha requerido mi Roo me han parecido mínimas: en los dos años que llevamos juntas no me he acordado nunca de aceitarla, pero eso es porque nunca ha hecho ruidos quejumbrosos; sólo he tenido que ajustar los frenos una vez, al poco tiempo de tenerla, y desde entonces, ahí siguen, sin dar problemas; la presión de las ruedas, bastante elevada (a partir de 4Kg) es muy estable, rara vez he tenido que volver a inflarlas; tampoco he cambiado las cubiertas, y no he notado grandes diferencias en el agarre desde el primer día hasta hoy. En definitiva, prácticamente no le he hecho ni caso, y ella no me ha dado ni un problema. Para los menos habilidosos con la mecánica, esto es una gran ventaja, porque no tendrás que andar visitando el taller contínuamente.

En algunos bloques vivir con una bicicleta es como tener mascota… Para muchos de tus vecinos, cualquier cosa que sea diferente (y hoy en día una bicicleta lo es) es mirada con desconfianza. Siempre tendrás tres o cuatro pares de ojos pendientes de tí, dispuestos a dar la voz de alarma en el momento en que cometas cualquier error. Pues vivir con una bici plegable es casi como tener una iguana: incluso siendo más raro que tener un perro – o una bici de las de toda la vida – te ocasionará menos problemas con los vecinos. Intenta poner una bici grande sobre su rueda trasera para meterla en el ascensor, evitar manchar las paredes de barro, no golpear nada, caber tú mismo en el ascensor… Y aún así tendrás que enfrentarte a la acusadora mirada de algún vecino que tiene que esperar al siguiente ascensor porque no hay forma de que se encaje ahí dentro contigo y tu bici sin que el contacto humano llegue a ser más que incómodo. Visualiza cómo cambia la escena si entras en el portal, pliegas tu bici, la coges por el sillín, la metes en el fondo del ascensor cómodamente, sin riesgo de manchar otra cosa que el suelo, ni golpear nada, y aún caben en el ascensor dos personas más, incluso tres si te inclinas un poco y ocupas con tu cuerpo y tu mochila el espacio sobre la bici. Se acabaron las caras de odio de tus vecinos, en todo caso caras de sorpresa y curiosidad ante el último invento del vecino “rarito” del séptimo. Lo de rarito no lo digo por vosotros, claro, pero puedo aseguraros que en mi bloque una chica que sale a entrenar con la bici de montaña sola, o que coge su bici plegable un día de lluvia, está catalogada como “rarita” hasta el final de sus días. Y no hay nada que pueda hacer para cambiarlo.

Primeras sensaciones sobre una bicicleta plegable

Si estás acostumbrado a montar en bicicletas “normales”, la primera vez que te subas a una bicicleta plegable seguramente te sentirás un poco inseguro, pero esa es una sensación que desaparece enseguida.

Sobre una plegable tu espalda permanece vertical
Sobre una plegable tu espalda permanece vertical

Lo primero que te choca es la postura: yo por ejemplo estoy acostumbrada a ir sobre bici de montaña con el sillín casi a la misma altura del manillar, para ir agachada y aprovechar al máximo la potencia de la pedalada. En una bicicleta plegable se podría decir que vas como un “Lord Inglés”, con la espalda perfectamente vertical y porte señorial. Las bicicletas plegables están pensadas para ciudad, así que no esperan que tengas que superar trialeras ni grandes pendientes: aún así, sus marchas te permiten ir bastante cómodo incluso saliendo de túneles o, en mi caso, superando la rampa del parking.

Otra sensación sorprendente sobre una bicicleta plegable es la velocidad: al verla tan pequeña no te lo esperas, pero lo cierto es que, al tener las ruedas más pequeñas, necesitas menos esfuerzo para ponerlas en movimiento. Sus siete velocidades, lo mismo que te permiten superar airoso rampas empinadas, te pueden hacer alcanzar velocidades de vértigo en el piñón más pequeño (las Dahon urbanas sólo tienen un plato, y siete piñones), y lo mismo que para ponerte en marcha, el tamaño de las ruedas te ayuda bastante a no notarlo apenas cuando bajas piñones. La sensación de velocidad se ve incrementada por el hecho de que estas dando pedales con bastante mayor frecuencia que sobre cualquier otra bicicleta.

Unión entre manillar y rueda delantera
Unión entre manillar y rueda delantera

La novedad con respecto a otras bicicletas que te hará sentir más inestable es la barra que une el manillar y la rueda. En una bicicleta normal sueles encontrarte con una potencia que desciende unos 8 cm hasta unirse con el cuadro, pero en una bici plegable esta barra se une directamente a la rueda, y la sensación de control sobre la dirección es bastante distinta: al principio tiendes a hacer oscilar la rueda de un lado a otro, y te parece que la direción es mucho más sensible a cualquiera de tus movimientos. Lo cierto es que apenas necesitas rodar unos metros para sentirte más cómodo con esta nueva disposición, y además, esa mayor “sensibilidad” de la dirección también te permite mantener mejor el equilibrio cuando tienes que ir despacio, por ejemplo, porque te has subido a la acera y no te queda más remedio que ser respetuoso con el peatón que tienes delante.

Estas son las tres cosas que más te chocarán cuando te montes por primera vez en tu bici, pero insisto en que te habituarás con bastante facilidad. Por lo demás, se llevan como cualquier bici, pedaleando e intentando disfrutar de cada metro.

Sólo debes tener en cuenta un par de pequeños inconvenientes: por un lado estas bicis, aunque son muy juguetonas y divertidas, no son aptas para subir bordillos tirando de manillar. Su geometría dificulta levantar la rueda delantera del suelo (que se puede hacer si te empeñas, pero no circulando normalmente), y sus pequeñas ruedas acusarán bastante el bache. Al bajar de un bordillo la situación es algo más sencilla, pero arriesgada: con una bicicleta con ruedas de 26′ puedes estar acostumbrado a bajar de los bordillos sin cambiar siquiera tu postura sobre la bici, son escalones pequeños y apenas pierdes la estabilidad. Pero si vas sobre una bici plegable, sus pequeñas ruedas, como te decía, van a acusar bastante la diferencia de altura, y te pueden hacer perder el equilibrio con bastante facilidad si no vas atento.

El otro inconveniente es el deslizamiento. Tal vez a los que rodáis sobre bicicleta de carretera esto no os sorprenda tanto, pero yo, acostumbrada a los tacos y la goma de mis cubiertas de montaña, me llevé un buen susto la primera vez que me ví deslizando varios metros sobre el adoquinado liso de la calle un día de lluvia: las cubiertass de una bici plegable están hechas para moverse por ciudad y para ser ligeras – o al menos no tan pesadas como unas gruesas cubiertas de montaña -, así que son lisas y bastante duras para sobrevivir a la abrasión del asfalto. Cuidado con las calles adoquinadas, las aceras y plazas lisas, y los días de lluvia.

Quiero ESA bicicleta

Elegir tu bicicleta plegable es una decisión seria: para que sea realmente práctica debes elegir una cuyo sistema de plegado sea sencillo y fiable. Ya he conocido algún caso de bicicletas plegables compradas en el momento del “boom” en tiendas no especializadas, que han acabado por dejar de ser plegables porque los engranajes se han estropeado y ya no se pueden ni mover. Además, para que un cuadro seccionado en varias partes sea tan sólido como uno entero debe contar con agarres sólidos: contrariamente a lo que pueda parecer, una ciudad está llena de baches, alcantarillas, aceras sin rebajes, socavones y demás irregularidades que someterán a la bicicleta a vibraciones y torsiones que debe resistir sin que se generen holguras en los cierres ni se doblen las piezas, o apenas podrás dar unos meses de uso a tu bici.

Estuve navegando bastante tiempo para informarme de las mejores opciones. Parece que la marca puntera en el mercado es la inglesa Brompton: su sistema de cierres es de los más cómodos y tienen una aspecto bastante sólido; además, el diseño de las bicicletas hace que sean de las que menos ocupan una vez plegadas; y si eres un “coqueto” como yo, tienen unos modelos muy llamativos, muy urbanos. Sin embargo no me decidí por una Brompton: la calidad y el diseño se pagan, y para mí, que estaba introduciéndome en el mundo de las bicis plegables, eran una opción que se me iba de precio. Ahora que soy una creyente convencida, creo que serán mi próxima elección, si es que tengo que cambiar la mía.

La otra marca puntera es Dahon, con unos precios algo más moderados, y un sistema de cierres similar al de Brompton en cuanto a sencillez de manejo y solidez en el agarre. Sus modelos, una vez plegados, también quedan bastante reducidos de tamaño, aunque no llegan a los niveles de algunas Brompton, y en lo que se refiere a diseño también tienen sus detalles y sus guiños urbanitas. Para mí estaba claro que estas iban a ser la mejor opción para empezar a pedalear por ciudad.

Sweet Pea da Dahon en varios colores
Sweet Pea de Dahon en varios colores

Entonces me encontré con otra disyuntiva… ¿Ligereza o control? Hay varios tipos de bicicletas plegables: las más pequeñas, con ruedas de 14′, las medianas, con ruedas de 20′, las grandes, con ruedas estándar de 26′, e incluso bicicletas de montaña plegables. Mi piso no es ningún palacete y convivir con mi bicicleta de montaña ya tiene sus complicaciones, así que tenía claro que no tenía mucho sentido optar por las de 26′, que incluso plegadas ocupan un espacio considerable. Por aquel entonces Dahon contaba en su colección con las Sweet Pea, bicicletas mínimas con ruedas de 14′, que estaban justo en el límite para soportar mi peso, disponibles en multitud de colores ácidos y llamativos, y especialmente ligeras, pequeñas y por tanto, fáciles de transportar. Sin embargo, la bici que yo había probado era de 20′, así que no tenía muy claro como serían mis sensaciones al conducir una de 14′.

Afortunadamente me acerqué a Ciclos Delicias – desgraciadamente su sitio web, ciclosdelicias.com, está en construcción – para comprar mi bici, y allí tenían, incluso entonces, cierta experiencia en cuanto a bicis plegables. Me preguntaron por el uso que iba a darle a la bici y me explicaron que un modelo como la Sweet Pea merece la pena si vas a moverte mucho con ella plegada y a cuestas, y tus desplazamientos a pedales iban a ser la menor parte del trayecto: su gran ventaja está en la ligereza y comodidad para el transporte, pero la conducción con una rueda tan pequeña es más inestable y sensible a las irregularidades del terreno. La Sweet Pea, pese a sus divertidos colores y su atractivo nombre, no era para mí, que tenía intención de salir del portal de mi casa montada en ella, y de ir pedaleando tan lejos como fuese posible. Así que afortunadamente mis opciones se iban reduciendo a las bicicletas de ruedas de 20′, y digo afortunadamente porque una máxima universal del marketing es que demasiada oferta mata la oferta, y yo empezaba a ser incapaz de decidirme por una u otra bicicleta.

Estuve ojeando los modelos y tuve bastante suerte, porque me encantó una Roo color champagne con el cuadro ligeramente curvo que tenían de exposición y me vendieron con bastante descuento. Mi pequeña tenía algún roce en la pintura, pero soy bastante desastre, así que ya sabía que eso no era nada comparado con lo que iba a sufrir conmigo.

La mía es como esta pero algo menos... brillante
La mía es como esta pero algo menos... brillante

Por qué una bici plegable

Ahora mismo es algo relativamente normal ver una bicicleta plegable por mi ciudad, pero hace un par de años, cuando compré la mía, mucha gente se giraba a mirar qué rayos era eso sobre lo que iba montada. Si me montaba en el tren con ella plegada, podía escuchar comentarios como “vaya leche se ha tenido que meter para dejar así la bici”.

Fue gracias a un amigo que descubrí la existencia de estas pequeñas maravillas. Ese mismo amigo me había enseñado a montar en bici ya con 21 años (anteriormente, y por falta de apoyo familiar, no había conseguido superar la etapa de los “ruedines”), pero hablábamos a menudo de lo incómodo que era moverse con una bicicleta de montaña en ciudad: más grandes y aparatosas, estábamos obligados a aparcarlas en la calle, y subirse a una acera o cruzar una plaza sobre ella nos hacía acreedores de improperios de los peatones por muy lejos que pasasemos de ellos. Viviendo en un piso, daba algo más que pereza andar subiendo y bajando la bici en el ascensor o por las escaleras, apoyada sobre una rueda y manchando las paredes – con las consiguientes miradas reprobadoras de los vecinos-.

Sin embargo, para nosotros estaba claro que, por las dimensiones y distribución urbanística de nuestra ciudad, era óptimo desplazarse en bicicleta: los enormes autobuses urbanos son extremadamente torpes maniobrando en el casco antiguo, que es el lugar al que casi siempre hay que ir para cualquier gestión, o para quedar con amigos; el coche, además de contaminar, resulta infinitamente más lento por los semáforos, rotondas y la densidad del tráfico, y aparcar en el centro a según qué horas es todo un acto de fe; andar es siempre una buena solución, pero cuando vas con prisa y mil historias apuntadas en la agenda puedes llegar a desesperarte cuando “aquí al lado” significa pasar 20 o 30 minutos de paseo.

Así que navegando por internet, haciendo búsquedas como “ciclismo urbano” o “transporte sostenible en ciudad” en varios idiomas, dimos con la que parecía la solución perfecta: bicicletas plegables, más pequeñas, más ligeras, fáciles de guardar, menos llamativas y molestas a la hora de meterlas en una cafetería o un tren… Al principio fui un poco más reacia a la novedad, conocía los socavones, baches, aceras sin rebaje (viva la accesibilidad) y demás obstáculos con los que me encontraría, y una bicicleta con un cuadro formado por varias piezas montadas mediante engranajes más o menos sólidos no me daba mucha confianza. Luis fue más decidido y apenas tardó un mes en hacerse con una bicicleta plegable.

Tan sólo tuvo que prestármela un par de veces para que me decidiese a comprar mi propia bicicleta plegable: si tenía que ir a otra ciudad, la bici cabía sin ningún problema en el maletero, podía aparcar mi coche en algún lugar no demasiado complicado, y moverme a placer para hacer mis gestiones; si me desplazaba en tren, me evitaba gran parte de las miradas resentidas del resto de viajeros; si iba a casa de algún amigo que se hubiese tenido que apañar con una “solución habitacional” modelo Pin y Pon, mi “trasto” no ocupaba la mitad de su salón; si me quedaba en Alcalá, mi ciudad, en determinados pasos más complicados o peligrosos por la calzada podía subir a la acera y compartirla con los peatones con mayor seguridad (me resulta bastante más fácil mantener el equilibrio a velocidad muy reducida sobre la bici plegable) y mejor aceptación.

En resumen, apenas un par de semanas de préstamo bastaron a una bicicleta plegable para convencerme de que son una gran opción, así que comencé el proceso de búsqueda de mi propia montura urbana.