Combinar tu bicicleta con el transporte público

Asociación belga por el transporte en bici

He dado con el sitio Web de la asociación Belga Pro Vélo, que trabaja para asesorar a la Administración en el desarrollo de estructuras para la movilidad en bicicleta, y organiza eventos para promover el uso de este medio de transporte sostenible.

Tienen una página dedicada a las bicicletas plegables, y he creído detectar cierto tono de queja hacia los medios de transporte público belgas, ya que una de las principales ventajas con las que cuentan las bicicletas plegables es la facilidad para combinarlas con otros medios de transporte público, que no tienen las bicicletas tradicionales.

No he podido evitar comparar la situación Española con la de otros países Europeos: Sin sentirme en absoluto como el Alcalde de Villar del Río ante la inminente llegada de Mr. Marshal, no puedo dejar de lamentar nuestro retraso en este aspecto con respecto a países como Holanda, Bélgica, Francia o Alemania. Si bien una mayor tradición de transporte en bicicleta en estos países justifica su mayor avance, hace ya mucho que España es Europa en muchos otros aspectos, y nuestra climatología debería justificar una puesta al día en cuanto a transporte sostenible se refiere.

El tema da para mucho, así que a lo largo de esta semana intentaré escribiros cada día acerca de las posibilidades de combinar una bicicleta, tradicional o plegable, con otros medios de transporte.

El socavón que destrozó mi cámara delantera

La otra noche me llevé un buen susto, pero creo que mi Roo salió peor parada. En parte fue responsabilidad mía, por exceso de confianza y despiste, pero tampoco voy a exculpar plenamente al Ayuntamiento de Alcalá de Henares, por tener en la calle una zanja de dimensiones considerables sin señalizar en una zona poco iluminada.

Me había acercado al campus para intentar hacer volar mi cometa – dicho sea de paso, sin éxito, porque en verano es casi imposible atrapar la menor brizna de aire en Alcalá – y se me hizo un poco tarde: empezaba a anochecer, no llevaba mis luces, y volvía a casa con prisa, es decir, a toda la velocidad que podía alcanzar mi bici. Creí ver a lo lejos (no soy precísamente un águila) un badén de estos que se han puesto tan de moda en las ciudades para evitar que los coches circulen demasiado rápido, y que son un auténtico fastidio cuando vas sobre cuatro ruedas, y un peligro cuando vas sobre dos. Me preparé para una buena dosis de desequilibrio, porque para mis rueditas de 20′ y mi larga barra del manillar a la rueda un badén de estos es una dura prueba, pero cuando estaba casi encima del obstáculo y sin posibilidad de esquivarlo me dí cuenta de que era una señora zanja con el tamaño preciso para que mi rueda quedase encajada dentro: me preparé para salir despedida por encima del manillar. Aún no sé muy bien cómo lo hice, pero la rueda no quedó encajada, y conseguí mantener el equilibrio. Eso sí, el encontronazo había sido tan brusco que ni los 4 Kg de presión de mi rueda delantera pudieron soportarlo, y la cámara quedó reventada.

¿Habría visto antes el socavón de haber llevado las luces de mi bici? Lo dudo: cuando es de noche, estas luces sirven sobre todo para que los coches y otros usuarios de la vía te vean a tí, pero no son una gran ayuda para mejorar tu visión. El socavón estaba en una calle iluminada pobremente con farolas bastante distantes unas de otras, sin locales comerciales luminosos alrededor… Nada.

¿Podría haber ido más despacio? Ni loca: cuando circulas por una calle de circulación rápida no puedes permitir que los coches te adelanten, o al menos no que te adelanten a mucha más velocidad de la que tú llevas; un conductor que tiene que ir muy despacio detrás de una bici es un conductor a menudo “cabreado”, nervioso, y que genera un odio desproporcionado hacia el pobre ciclista que le lleva a adelantarle en situaciones inseguras – con falta de visibilidad, o sin espacio suficiente – con el retrovisor tódo lo próximo posible a su desprotegido cuerpo, y con un sonoro acelerón que debe de querer decir “¿cómo se te ocurre venir a molestar con tu asquerosa bici a mi flamante vehículo a motor?” Así que mi recomendación si tienes que circular por la calzada de una calle larga, casi recta, sin semaforos ni rotondas que obliguen a detenerse, en la que los coches van como mínimo a 50, y casi siempre a 70 u 80, procura ir todo lo rápido que puedas.

Extraje varias conclusiones de este incidente: la primera, que mi bici es más dura de lo que parece, reventé su cámara, pero no he localizado ninguna holgura en sus cierres, ni la menor deformidad en la llanta, así que mereció la pena invertir en ella; la segunda, que tengo que ser más previsora cuando salga en bici y no quedarme por ahí de noche y sin luces, cualquier coche podría arrollarme y ni enterarse; la tercera, que el Ayuntamiento de mi ciudad es irresponsable, o está completamente alejado de la realidad.

Irresponsable porque tener la ciudad llena de zanjas y socavones mal o nada señalizados por toda la ciudad durante varios meses es una fuente de accidentes, daños físicos y daños materiales para sus ciudadanos. Desde que voy en bici y más aún desde que voy en moto presto bastante atención a todas estas trampas que cubren las calzadas de calles y carreteras, y he observado que son muchas, que nunca están señalizadas, y que siempre pasa mucho tiempo antes de que alguien se decida a cerrar la zanja que abrió, reparar el socavón o la grieta que apareció, o tener cuidado, al reasfaltar una zona, de no convertir las alcantarillas en un escalón bastante doloroso para la amortiguación de cualquier vehículo. Eso, si no pasan a formar parte permanente del paisaje de la ciudad.

Alejado de la realidad porque cada vez hay más personas que se mueven en bici o moto, y como decía más arriba, si todos estos obstáculos son un fastidio habitual para los conductores de coches y furgonetas, para los que nos movemos sobre dos ruedas son un riesgo claro. Casi prefiero pensar que quienes gestionan mi ciudad desde el Ayuntamiento viven alejados de la realidad y no son conscientes de la cantidad de puntos negros que se multiplican en su municipio, tal vez porque se mueven sobre cuatro ruedas y no los sufren tan directamente. Pensar otra cosa sería pensar que, siendo conscientes de lo que hay, prefieren invertir los mermados fondos del Ayuntamiento en poner bombillas de colores durante las fiestas antes que en mejorar el estado de las vías.

De hacerlo conscientemente, quedaría demostrado que mi Ayuntamietno está gestionado por gente obtusa y con muy poca perspectiva: quienes buscamos medios de transporte sostenible somos ciudadanos comprometidos con la calidad de vida de nuestro municipio. Porque quienes circulamos en bici por nuestra ciudad lo hacemos por una amalgama de motivos que incluyen reducir la contaminación del aire que respiramos, nosotros y los demás; reducir la aglomeración de coches y los atascos y problemas de aparcamiento que de ello se derivan; mejorar el entorno para los paseantes, los que viven en Alcalá y los que vienen de fuera a visitar su casco histórico. Hay un sinfín de motivos, egoístas y altruistas, que nos llevan a pedalear por nuestras calles, que ya es bastante arriesgado sólo por la falta de consideración o la falta de costumbre de los conductores. ¿Por qué el Ayuntamiento de una ciudad turística como Alcalá de Henares no se decide a invertir en la seguridad de unos ciudadanos que mejoran la imagen de su municipio? Sí, sí, la mejoramos: ¿a alguno de vosotros le gusta ir respirando humo, oyendo claxons y esquivando coches mientras visita una bonita ciudad universitaria? ¿Cuántos de vosotros habéis visitado una ciudad del norte de Europa y habéis quedado fascinados por el reducido número de coches y la abundancia de ciclistas?

Carreras en bici plegable: Bromptom World Championship 2008

El sector de la bicicleta hace tiempo que no pierde de vista este nuevo nicho que son las bicicletas plegables, y cacharreando por el sitio Web de la revista Bike me he encontrado con la noticia de la próxima celebración de una competición sobre bicicletas plegables, la Bromptom World Championship 2008.

El hecho de que sea una marca la que organiza el evento puede hacer recelar a algunos, y no os culpo: pese a lo tentador que me pueda parecer participar en una carrera en el Parque del Palacio de Blenheim a primeros de otoño, abierto por primera vez a los visitantes sobre dos ruedas, no puedo participar en la carrera porque mi bici plegable no es una Brompton. Pero tampoco podemos culparles: una empresa tiene que vivir de algo, y una empresa dedicada a un negocio tan específico como la fabricación de bicicletas plegables tiene que sacar el máximo partido de sus fans. Esta carrera no sólo les sirve para hacer ruido y atraerse nuevos adeptos, sino para convencer a quienes ya circulan sobre una de sus bicicletas de lo oportuno de su decisión.

El sitio oficial aclara que esto no es una concentración, sino una carrera seria en la que se medirán los tiempos de los participantes y habrá premios para varias categorías. El hecho de que se premie al corredor mejor vestido es bastante chocante, pero tiene todo su sentido cuando se trata de promocionar una bicicleta para uso urbano. El uso de una bicicleta plegable en tu trabajo diario da para otra entrada, baste decir que este premio es la prueba de que se puede rodar rápido y “trajeado” sin consecuencias “terribles”. ¡Qué gran público objetivo el que formamos los ejecutivos que necesitamos movernos con agilidad y estamos dispuestos a invertir en nuestra imagen de cara a los clientes!

En cualquier caso, todas estas iniciativas son positivas para los ciclistas urbanos: cuanta más gente se anime a moverse por ciudad en bicicleta, menores niveles de contaminación soportaremos; también podremos circular con mayor seguridad si el tráfico se habitúa a nuestra presencia. Además, el concepto de bicicleta plegable me resulta tan atractivo que no consigo albergar ninguna animadversión hacia una empresa que se dedica a diseñarlas y construirlas. Así que, aunque sólo sea por el placer de visitar Inglaterra en otoño, y de ver a tanta gente sobre una plegable, puede que me acerque a pasear a mi bici de la competencia por Blenheim el próximo Septiembre.

Las imágenes de la edición de 2007 que se celebró en Barcelona no me desaniman en absoluto.

httpv://www.youtube.com/watch?v=lkIpQcOhN7g

Convivir con una bici plegable

Como ya he comentado en algún otro post, mi piso no es ningún palacete, así que convivir con dos bicis además del resto de aparataje que cualquier mortal acumula en casa puede ser todo un reto.

Seguro que tienes algún rincón en que guardar tu bici
Seguro que tienes algún rincón en que guardar tu bici

Una bicicleta plegable representa muchas ventajas en este sentido, porque cabe prácticamente en cualquier sitio. Puedes consultar las medidas de tu bici una vez plegada en el sitio Web de cualquier fabricante, pero para que te hagas a la idea… Es un bulto similar al que formarían 3 o 4 cajas de zapatos apiladas. Así que tu bici puede quedarse en el pasillo de entrada, debajo de la encimera de la cocina, detrás de un sofá, en cualquiera de los múltiples rincones desaprovechados que tiene una casa, en un armario ropero, junto a la estantería del salón, en el hueco que queda bajo el lavabo… Yo la guardo debajo de mi bici de montaña, que tengo colgada en una pared. Plegada, mi Roo cabe perfectamente en el hueco que queda bajo su “hermana mayor” suspendida de la pared, y no me roba ni un milímetro más de espacio.

Si, como yo, además de tu bici plegable sabes lo que es vivir con una bicicleta “normal”, hay otros aspectos de la convivencia con una plegable que agradecerás, y es todo lo relativo al mantenimiento. Hace dos años era un poco más complicado encontrar recambios para una plegable, pero ahora que se han convertido en un producto de gran consumo e IKEA e incluso Alcampo se han lanzado a la venta de bicicletas plegables, puedes encontrar las piezas que necesites en casi en cualquier lugar, o encargarlas en tu tienda del barrio sin que te miren con los ojos como platos. Pese a las dificultades iniciales, no puedo quejarme porque hasta ahora nunca he necesitado cambiarle nada a mi bici.

El mantenimiento que requiere es prácticamente nulo: acostumbrada a tener que revisar la presión de mis ruedas casi cada vez que me voy de ruta de MTB, a tener que hacer ajustes en el cambio, aceitar bien cadena, piñones y platos antes de cada salida, revisar la dureza de la horquilla, cambiar pastillas de freno con bastante frecuencia… Las atenciones que ha requerido mi Roo me han parecido mínimas: en los dos años que llevamos juntas no me he acordado nunca de aceitarla, pero eso es porque nunca ha hecho ruidos quejumbrosos; sólo he tenido que ajustar los frenos una vez, al poco tiempo de tenerla, y desde entonces, ahí siguen, sin dar problemas; la presión de las ruedas, bastante elevada (a partir de 4Kg) es muy estable, rara vez he tenido que volver a inflarlas; tampoco he cambiado las cubiertas, y no he notado grandes diferencias en el agarre desde el primer día hasta hoy. En definitiva, prácticamente no le he hecho ni caso, y ella no me ha dado ni un problema. Para los menos habilidosos con la mecánica, esto es una gran ventaja, porque no tendrás que andar visitando el taller contínuamente.

En algunos bloques vivir con una bicicleta es como tener mascota… Para muchos de tus vecinos, cualquier cosa que sea diferente (y hoy en día una bicicleta lo es) es mirada con desconfianza. Siempre tendrás tres o cuatro pares de ojos pendientes de tí, dispuestos a dar la voz de alarma en el momento en que cometas cualquier error. Pues vivir con una bici plegable es casi como tener una iguana: incluso siendo más raro que tener un perro – o una bici de las de toda la vida – te ocasionará menos problemas con los vecinos. Intenta poner una bici grande sobre su rueda trasera para meterla en el ascensor, evitar manchar las paredes de barro, no golpear nada, caber tú mismo en el ascensor… Y aún así tendrás que enfrentarte a la acusadora mirada de algún vecino que tiene que esperar al siguiente ascensor porque no hay forma de que se encaje ahí dentro contigo y tu bici sin que el contacto humano llegue a ser más que incómodo. Visualiza cómo cambia la escena si entras en el portal, pliegas tu bici, la coges por el sillín, la metes en el fondo del ascensor cómodamente, sin riesgo de manchar otra cosa que el suelo, ni golpear nada, y aún caben en el ascensor dos personas más, incluso tres si te inclinas un poco y ocupas con tu cuerpo y tu mochila el espacio sobre la bici. Se acabaron las caras de odio de tus vecinos, en todo caso caras de sorpresa y curiosidad ante el último invento del vecino “rarito” del séptimo. Lo de rarito no lo digo por vosotros, claro, pero puedo aseguraros que en mi bloque una chica que sale a entrenar con la bici de montaña sola, o que coge su bici plegable un día de lluvia, está catalogada como “rarita” hasta el final de sus días. Y no hay nada que pueda hacer para cambiarlo.